lunes, 5 de julio de 2010

Despertares

Un breve poema, espero os guste.

Despertares

Y sé que estás pensando en romper nuestro pacto sempiterno,
acuerdo cómplice de miradas hambrientas y forzadas conductas inocentes;
y destilas tentación de quebrar la magra sensatez que aún nos queda, y de arrojarte contra la voluntad de arenas temporales al arroyo creciente de mis besos.

Y yo te siento cerca, aspiro de tu aroma y trato con denuedo no desearte,
no imaginarnos solos en mi lecho conversando sudores disfrutados,
y borrar de mis ojos encerrados: tu figura, tu cuerpo, mi cadalso;
pero te miro, te miro y soy culpable de las terribles órdenes del fuego, y arrancarte la ropa de pronto se vuelve irrefrenable.

Y pienso en el pasado que adormeció mutuas admiraciones deleitosas a pesar de vernos hermosos el uno para el otro;
Y pienso en el presente: simulación y freno, fauces disfrazadas de cordero, connivencia en pupilas que se encuentran y saben que el deseo se mira en el deseo.
Y pienso en el futuro inexistente que tenemos, en los días por venir, en los secretos, en la ruptura de los labios sellos, en la resaca de tus hondos pechos.

Y sé que estamos pensando en destruir ese pacto… y no podremos.

miércoles, 7 de abril de 2010

Por supuesto que era un sueño

Por supuesto que era un sueño, porque disparábamos en un juego que no existía, los controles de madera se transformaban y lo que ocurría en la pantalla lo podíamos sentir muy hondo. Por supuesto que era un sueño, porque tú todavía te reclinabas en mí dejando un halo sensual en cada movimiento y tu aroma aún se fijaba en la camisa vino 80% algodón que me habías regalado en nuestro primer mes juntos. Aún te quedabas en mi casa y recorrías el salón desnuda, ostentosa, mágica, impresionante, abrazando las sábanas llenas de noche, de nosotros. Por supuesto que era un sueño.

Así que en este sueño que ahora me regalaba (supongo que la noche), decidí afrontar dos retos que se me presentaban en desorden. Uno, tratar de volar de manera constante. Hasta ese momento apenas había podido planear dubitativamente por algunos segundos y regresaba al suelo como volviendo de un brinco infantil. Volar no es fácil. Además de saber volar, se necesita creer que se puede volar. Algo de esto había leído en un libro que ahora decora el salón de un vetusto pariente; pero ahora era una situación en la que realmente necesitaba volar. Era ese tipo de sueño, porque, por supuesto que era un sueño. Nunca antes me había encontrado intentando volar en medio de la escuela. Curioso era que nadie se sorprendiera de verme volar, pero, igual, se veían cosas más raras en el patio: gente sonriendo, trabajando, compartiendo.

Volteaste la cara con un dejo de soberbia y tu sonrisa me sorprendió. No hacía dos días, ese mismo rostro apenas me miraba con una mueca enfermiza. Las más de las veces, marmórea, lapidaria, y cuándo te había preguntado el porqué de tu incólume gesto, de esa mueca, una mueca de inseguridad dentro de una coraza de madera pintada de hierro, me di cuenta que realmente era un sueño. Por supuesto que era un sueño, porque tus alas no brillaban de noche; ajadas, sucias, se arrastraban en el parquet de tu indiferencia, de tu torpeza. Y estuve cierto de que era un sueño no por el final (obvio hubiera parecido), sino por el prólogo, porque nos descubrimos el velo de hipocresía que anegaba el cruce de miradas y pareció que justo en el momento de soñar, de cesar de soñar, de creer soñar, de querer soñar, de crecer y soñar, de crearte, de configurarte, de domeñarte, en ese puntual instante me quedé dormido al despertar del sueño desperezante de besar el aire y recordar: hoy es jueves.

jueves, 3 de diciembre de 2009

Y nos abandonamos

Y nos abandonamos

Y nos abandonamos aquella madrugada: tus dos brazos rodeaban mi pequeño cuerpo; yo preguntaba a dónde ibas, no recuerdo si hubo respuesta, sólo que nos abandonamos ese día.

Y nos abandonamos esa tarde en que mi padre trató de explicarme tu ausencia; día aciago para él, para mí. Se fue de la habitación y yo quedé mirando la TV, no supe llorar ¿nadie me había enseñado? Esa tarde nos abandonamos.

Y nos abandonamos durante mi niñez, tardes de olvidarme allá en los sueños, noches de vela eterna, mañanas de actividad febril y las dudas ¿quién soy?... ¿soy? ¿Por qué no puedo regalar una lágrima al reloj? ¿Por eso nos abandonamos?

Y nos abandonamos en un voltear de rostro que filtró años de sufrimiento soterrado y dudas, un abrir y cerrar de ojos que duró décadas y estoy ahora, hombre de más de treinta, y quiero saber todavía por qué, quién dijo que no podríamos vernos de nuevo, platicar, abrirnos… nunca lo hicimos, yo era muy joven y tú hermética; cuentan que te escuchaban sollozar y nunca supieron la razón. ¿La había?

Y nos abandonamos y lo seguimos haciendo cada día, quizá porque es lo sano, abandonarnos y no pensar más en nosotros; en la puta vida ficticia y la puta muerte real; en que un día me abrazaste y sin saberlo, esa despedida casual nos hizo abandonarnos y no poder llorar... Hasta hoy.

martes, 11 de agosto de 2009

Pequeño poema

Otro pequeño poema hallado en un rincón...

C 918

Silencio de mar, todo es pasión,

callados sueños que en el aire ceden.

Tu voz se aleja, mi ser lastimas,

tu alegría agria, siempre a costa mía,

melancolía infinita rota de sueño.

Ínfima confianza de un tiempo caduco:

Pienso y sé que no me piensas.

Pienso que mejor es no hacerlo y...

llamarte otra vez es mi destino,

cortarme las alas tu rutina.

¿Seré alguna vez feliz? me lo pregunto:

Quizás por un instante, una vida.

viernes, 24 de julio de 2009

Poema encontrado

Hola a todos, me gustaría compartir este poema que hallé en mi computadora. Siempre es bueno descubrir escritos que han pasado el filtro del tempo.

Comicios

A la mitad de la conversación
Interrumpiste la amable voz
cortaste la llama que te pensaba.
Te convertiste otra vez en candidata de mi olvido…
Postulante que nunca gana.

miércoles, 1 de julio de 2009

Wow, me hizo trizas este poema de José Hierro

El día de ayer mientras revisaba textos para mis clases me encontré con una pequeña joya. Un poema que además de las fascinantes antítesis y quiasmos me transportó a una época de mi vida a la vez meliflua e infausta. Les comparto Mi vida de José Hierro, el premiado escritor. Ojalá también roce un poco vuestra coraza cardial.

VIDA
Después de todo, todo ha sido nada,
a pesar de que un día lo fue todo.
Después de nada, o después de todo
supe que todo no era más que nada.
Grito “¡Todo!”, y el eco dice “¡Nada!”.
Grito “¡Nada!”, y el eco dice “¡Todo!”.
Ahora sé que la nada lo era todo,
y todo era ceniza de la nada.
No queda nada de lo que fue nada.
(Era ilusión lo que creía todo
y que, en definitiva, era la nada.)
Qué más da que la nada fuera nada
si más nada será, después de todo,
después de tanto todo para nada.

José Hierro, Cuaderno de Nueva York, 1998

martes, 12 de mayo de 2009

Barí no se ve, pero está…

Hace algunos años, mientras practicaba el deporte nacional (que no es el fútbol, sino el zapping) encontré no sé en qué canal, el concierto de un grupo que desconocía hasta entonces. Era un fárrago de sonidos abrasantes; candentes como sólo pueden ser los atrevidos y los que no temen romper esquemas ni confundir a los “expertos”, que tratan de colocarlos en una vasija y ponerles nombre tal como clasifican las especias de la cocina. No lo sabía en ese momento, pero acababa de hallar una puerta entre la niebla espesa de la ignorancia; una rendija de aire fresco aunque eso sí, enrarecido. Había oído por primera vez a Ojos de brujo.

Escuché lo que quedaba de aquella presentación en directo con una especie de revelación hipnótica. No sabía lo que era y no me importaba. Sólo me dejé llevar por un cosquilleo entre el cerebelo y el lóbulo frontal que me impedía oprimir de nuevo el control para cambiar de canal. Todo ese mentiroso caos era conducido por una guitarra con arte verdaderamente flamenco, mas lo que estaba escuchando no era flamenco. No podía decir: “eh mira, una bulería”, o “ah, están cantando por soleares”. Nunca había escuchado una mezcla tan afortunada como la que hacían esos músicos españoles. Su música tenía ese “duende” que logra fundir ritmos, estilos, sentimientos, lágrimas, alegría y temeridad que llevan al éxtasis.

Cuando terminó la última llama encendida del cante, pude averiguar el nombre del grupo. Ojos de brujo. Lo repetí una y otra vez: Ojos de Brujo, Ojos de Brujo. Tenía que acordarme para poder buscarlo después. Como es natural, olvidé el nombre del grupo en cuando me quedé dormido esa noche. La mañana siguiente me encontró viendo hacia el techo de manera perdida tratando de recordar quiénes habían conquistado un espacio en mi mente y mi corazón. No lo logré. Lo que sí conseguí fue estar pendiente de ese sonido y esa magia. En cuanto los volviera a escuchar o a ver, el nombre que estaba clavado con un alfiler a la punta de la lengua, saldría, y justo correría a buscar la grabación a la tienda de música más cercana. Ese momento tardó tres años…

Tres años de arena pasaron a través del embudo de los días hasta que por azares del “desatino”, sí, del desatino (ya que estaba buscando canciones de José Mercé), leí el nombre otra vez: Ojos de Brujo. Lo improbable pasó, el nombre se arrancó del grillete que lo tenía atado a mi lengua y atestó un golpe directo al cerebro. ¡Ahí estaba! Corrí a la tienda de discos. Milagrosamente lo hallé, un CD recién editado para México. De haberme acordado en el momento de la primera revelación, quizá hubiera sido imposible encontrar el disco.

Al escuchar Barí, sentí la metamorfosis del arte flamenco. Esa capacidad infinita del arte gitano para fusionarse con diversos géneros y salir triunfante, fortalecido y vigoroso. El funk, el hip-hop, la música electrónica y la música india construyen un altar donde el flamenco es el guía espiritual. Me emocioné con Naita, un reclamo de la desigualdad del mundo; me sedujo la secuencia descendente de acordes melancólicos en Memorias perdías, que uno quisiera fuera infinita; Rememorix, último track del disco, es presagio de lo que vendría en el siguiente: Techarí, el cual hay que escuchar con oídos gozosos y mirar con Ojos de brujo.